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Para vivir la Semana Santa necesitaremos pasar por la Cuaresma, recorrer todo un camino de escucha serena de la Palabra de Dios y darle tiempo al mismo Señor para que pueda hablarnos al corazón. La Iglesia nos propone en este periodo que nos hagamos a nosotros mismos un regalo, un tiempo dedicado al silencio y a la reflexión para poder interiorizar, para permitir que la Palabra del Señor entre hasta lo más hondo del corazón de cada uno. 

 

Los cofrades conocéis la historia de la Pasión de Jesús hasta de memoria, porque estáis muy familiarizados con ella, conocéis a los personajes, el medio ambiente que rodeaba ese momento histórico, y no es difícil que recordéis las palabras que pronunció Pilato al presentar a Jesús a los  sumos sacerdotes y a los guardias, después de haberle torturado y de sembrar su cuerpo de crueles azotes: Aquí tenéis al hombre (Jn 19,5). Y ahí aparece Jesús, a la vista de todos, lleno de las heridas por los latigazos, coronado de espinas, escarnecido y abofeteado, despreciado, humillado y condenado a la muerte, como el Varón de Dolores que profetizaba Isaías. Jesucristo es el mismo Dios que se ha hecho hombre, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado, que ha llevado a cabo el Plan de Salvación divino. No fue una aventura fácil, porque le costó la propia vida, pero no se alejó de su responsabilidad de obedecer al Padre y ser nuestro Redentor y Salvador. San Pablo nos cuenta cómo fue capaz Nuestro Señor de entregarse al rescate de la humanidad: Siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre, y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz (Flp 2, 6-8). San Juan Pablo II, en la catequesis de los miércoles, del 17 de febrero de 1988, explicaba la Kénosis de Nuestro Señor con estas palabras: Dios-Hijo asumió la naturaleza humana, la humanidad, se hizo verdadero hombre, permaneciendo Dios. La verdad sobre Cristo-hombre debe considerarse siempre en relación a Dios-Hijo. Precisamente esta referencia permanente la señala el texto de Pablo. "Se despojó de sí mismo" no significa en ningún modo que cesó de ser Dios: ¡Sería un absurdo! Por el contrario significa, como se expresa de modo perspicaz el Apóstol, que "no retuvo ávidamente el ser "igual a Dios", sino que "siendo de condición divina" ("in forma Dei") (como verdadero Dios-Hijo), Él asumió una naturaleza humana privada de gloria, sometida al sufrimiento y a la muerte, en la cual poder vivir la obediencia al Padre hasta el extremo sacrificio.

 

Queridos cofrades, sois vosotros los que cada año levantáis los retablos de Pasión y Gloria por las calles de nuestros pueblos y ciudades; sois vosotros los que, a paso lento, mostráis sobre los hombros el paso de Cristo que pasa y nos mira; sois vosotros los primeros que al son de marchas, acompañados de tambores y cornetas, hacéis hablar a las imágenes que mueven los corazones a la misericordia y el perdón. Con austeridad, en silencio, iluminados por la cálida luz de la cera, nos predicáis el amor de Dios, nos dais la oportunidad de escuchar una catequesis, que nos lleva continuamente a Cristo para que creamos y, creyendo, oremos, y orando, le adoremos. Es comprensible que uno que ha tenido la experiencia de encuentro con Jesús, uno que se ha dejado mirar por Él no pueda resistirse a anunciarlo a contar lo que hemos visto y oído (1 Jn 1, 3). ¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia y nos lance a comunicar su vida nueva! Mucho ánimo, cofrades, que no estáis solos, sino bajo la protección de Nuestra Madre María, la Virgen de los Dolores, Caridad, Soledad, Consolación, Amargura, Piedad… Madre del Amor Misericordioso.

 

Vuestra misión de fieles cofrades es llamar a todos al seguimiento de Jesús: a los cristianos tibios o no practicantes para recordarles que, en verdad, con Jesucristo siempre nace y renace la alegría; y a los no creyentes y alejados de Él, para anunciarles que Dios nos ha manifestado su amor en Jesucristo muerto y resucitado. Pues ánimo, que además de la ayuda de la fe que os proporcionan las imágenes sagradas de vuestras cofradías tenéis este año otra razón más para crecer en la experiencia de encuentro con Cristo, a través de la Vera Cruz, peregrinando a Caravaca de la Cruz. La Cruz que es la fuente de toda gloria y sabiduría. Os ruego que no dejéis pasar el Año Jubilar sin beneficiaros de las Indulgencias que recibiréis, cumpliendo las condiciones del peregrino. Pensad que camináis a Cristo, Puerta de la Vida, que Él siempre os espera. Me consta que está programada la peregrinación de todas las Cofradías de la Diócesis, pero no te pierdas el más entrañable encuentro con el Señor, el de ir con tu familia para acercaros al que es nuestro modelo de amor.

 

Que Dios os bendiga otro año más y os conceda la paz, la alegría y la esperanza a todos.

 

 

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

 

 

 

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